Una mujer fue sentenciada ayer a ocho años de prisión por haber abandonado a su bebé recién nacida en un monte de Benjamín Paz, donde la criatura murió luego de agonizar durante dos días.
El hecho se produjo en septiembre de 2006, cuando la joven (que en ese entonces tenía 20 años y estudiaba Trabajo Social en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT) dio a luz una beba. La muchacha se ausentó durante casi 24 horas; cuando regresó a su casa, dijo que había sido secuestrada por unos hombres que iban en un auto Fiat Duna bordó con vidrios polarizados. Sin embargo, la versión no fue convincente. Luego, se constató que la joven ya no llevaba la criatura en su vientre. Entonces, la joven confesó lo que había ocurrido.
Un equipo de policías viajó hasta el lugar que indicó la madre; rescataron a la criatura, que permaneció internada durante dos días, hasta que finalmente falleció.
La mujer (cuyo nombre se mantiene en reserva) fue sometida a varios estudios psicológicos, pues se constató que había sido víctima de abuso sexual durante su infancia por parte de su abuelo.
Por eso, durante el juicio, la defensora Carolina Epelbaum argumentó que su clienta había actuado bajo un estado puerperal. "Se trata de un estado hormonal y psicológico que puede producir una alteración en las facultades de la mujer posterior al parto; no tiene una duración determinada, y se considera en algunos fallos y en doctrina como una causal de inimputabilidad", señaló la letrada, que solicitó la absolución de la joven.
La fiscala de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira, requirió una pena de 15 años, basándose en los informes médicos que constan en la causa, por el delito de abandono de persona agravado por el vínculo seguido de muerte.
Finalmente, los jueces de la sala II de la Cámara Penal, Emilio Herrera Molina, Alberto Piedrabuena y Eduardo Antonio Romero Lascano condenaron a la acusada a una pena de ocho años de cárcel. Como la mujer pasó dos años y dos meses presa bajo el régimen de prisión preventiva, no será llevada a la cárcel hasta tanto la condena quede firme. Luego de la resolución, regresó llorando a su casa, con su bebé recién nacida en brazos.
El hecho se produjo en septiembre de 2006, cuando la joven (que en ese entonces tenía 20 años y estudiaba Trabajo Social en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT) dio a luz una beba. La muchacha se ausentó durante casi 24 horas; cuando regresó a su casa, dijo que había sido secuestrada por unos hombres que iban en un auto Fiat Duna bordó con vidrios polarizados. Sin embargo, la versión no fue convincente. Luego, se constató que la joven ya no llevaba la criatura en su vientre. Entonces, la joven confesó lo que había ocurrido.
Un equipo de policías viajó hasta el lugar que indicó la madre; rescataron a la criatura, que permaneció internada durante dos días, hasta que finalmente falleció.
La mujer (cuyo nombre se mantiene en reserva) fue sometida a varios estudios psicológicos, pues se constató que había sido víctima de abuso sexual durante su infancia por parte de su abuelo.
Por eso, durante el juicio, la defensora Carolina Epelbaum argumentó que su clienta había actuado bajo un estado puerperal. "Se trata de un estado hormonal y psicológico que puede producir una alteración en las facultades de la mujer posterior al parto; no tiene una duración determinada, y se considera en algunos fallos y en doctrina como una causal de inimputabilidad", señaló la letrada, que solicitó la absolución de la joven.
La fiscala de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira, requirió una pena de 15 años, basándose en los informes médicos que constan en la causa, por el delito de abandono de persona agravado por el vínculo seguido de muerte.
Finalmente, los jueces de la sala II de la Cámara Penal, Emilio Herrera Molina, Alberto Piedrabuena y Eduardo Antonio Romero Lascano condenaron a la acusada a una pena de ocho años de cárcel. Como la mujer pasó dos años y dos meses presa bajo el régimen de prisión preventiva, no será llevada a la cárcel hasta tanto la condena quede firme. Luego de la resolución, regresó llorando a su casa, con su bebé recién nacida en brazos.